Ausentes
No me gustan los bosques ni los parques de ausentes que se están prodigando en memoria de los fallecidos por actos violentos o accidentes graves.
El pequeño alivio o el ínfimo desagravio que los familiaress y amigos puedan sentir no contrarresta lo que esos mismos espacios puedan representar en la memoria y la vida de ellos. Porque a dichos lugares rara vez irán de paseo o simplemente no pasarán por ellos, a no ser en los días que los medios de comunicación les convoquen. El resto de los días serán un horroroso dolor a superar. Para ellos esos lugares son algo trágico que desean olvidar cuanto antes y por nada del mundo pasarán por ellos si pueden evitarlo.
No soy partidario de esos espacios ni de la instalación de monolitos recordando las tragedias. Sería más efectivo y consolador para todos poner los medios necesarios para que las tragedias y accidentes no volvieran a ocurrir. Así se evitaría tanto dolor y sifrimiento. Porque los gestos, aparentemente solidarios, promovidos por políticos y alguna organización social bienintencionada, quedan muy bien de cara a la galería, pero son inocuos en cuanto al sentir y el bienestar de la sociedad e inútiles para convencer a los desalmados, dispuestos a seguir sembrando el terror con sus acciones violentas.
No más símbolos del terror y del horror en las plazas públicas. ¡Sobran ya muchos en todo el mundo!